"Todo lo que puedas hacer o soñar, comiénzalo. La osadía lleva en sí genio, poder y magia"

Goethe.

martes, 26 de enero de 2010

¿Por qué los finlandeses veneran tanto el latín?



"He aquí un hecho absolutamente insólito: de junio a diciembre de 2006, durante el periodo en que Finlandia actuó como país presidente de la Unión Europea, el gobierno finlandés se preocupó de que las noticias y resúmenes de las distintas comisiones, aparte de en las lenguas oficiales de la Unión Europea, se publicaran también en latín. ¿Una extravagancia irrelevante, el empeño exótico de algún friki del latín que había logrado colarse hasta el sillón de algún ministerio finés? No, en absoluto: es que, sorprendentemente, en Finlandia la lengua de Cicerón disfruta de un status y de una veneración extraordinarios.
En los últimos tiempos, todos hemos oído hablar de Finlandia como país número uno en los resultados del Informe PISA: el sistema educativo finlandés tiene fama de ser el mejor del mundo. Sin embargo, lo que resulta mucho menos conocido es que, en los institutos finlandeses, los estudiantes pueden optar por estudiar latín como lengua extranjera al mismo nivel que el inglés o el francés. Y, por otra parte, según las últimas estadísticas disponibles, las noticias en latín emitidas por la radio nacional de este país escandinavo tienen una audiencia media de unos 75.000 oyentes.
Habría que meterse a bucear en la intrahistoria de la cultura finlandesa para comprender por qué, a principios del siglo XXI y en medio del descrédito generalizado que padecen las lenguas clásicas en los países occidentales, los finlandeses, nadando contra la corriente general e impugnando el espíritu de los tiempos, mantienen, orgullosos, su amor por el latín. Ahora bien: existe una convicción, compartida por la clase intelectual finlandesa, que seguramente nos revela la clave metafísica de la que procede este singular fenómeno: porque en Finlandia se suele recordar que el latín no representa una lengua más entre otras, sino que es “el idioma eterno”: recordando de algún modo aquello de la “Roma eterna”, los finlandeses parecen haber comprendido que el latín es una lengua que, de alguna manera, nos vincula con esa dimensión superior del tiempo y de la historia que discurre, serena y olímpica, por encima del tráfago incesante de los acontecimientos, revoluciones y cambios políticos de todo tipo. De manera que estudiar latín se asemeja a remontar el vuelo abandonando el plano —tan pedestre— de la realidad horizontal en la que se mueve el día a día de la sociología y de la historia para, como montados en el carro alado de Platón, acceder de ese modo a las alturas uránicas en las que el ser humano se eleva hasta el mundo eterno del espíritu.
Por otro lado, a la hora de emprender una apología del latín también es posible aducir razones más concretas y pragmáticas. Hace unos años me sorprendió enterarme que varias multinacionales japonesas de la electrónica anduvieran buscando jóvenes licenciados que, entre otras cosas, conocieran el latín. ¿Por qué? Porque sus departamentos de recursos humanos, asesorados por diversas universidades, estaban convencidos de que dominar el latín otorga a la mente una flexibilidad que consideraban muy interesante como recurso del “capital humano” con cuyos servicios deseaban hacerse estas grandes empresas. Por mi parte, en el instituto donde doy clase estoy acostumbrado desde hace años a que la profesora de latín tenga muy pocos alumnos: el grueso del alumnado que elige la opción de ciencias sociales evita el latín —el sistema se lo permite— porque tiene fama de difícil. Sin embargo, los pocos estudiantes que hay buenos de verdad, no sé si asesorados por alguien, por espíritu de distinción o por instinto de rebeldía, escogen latín y griego como optativa. De modo que, al menos en ciertos círculos, el estudiar latín todavía es algo que otorga status.
Entre nosotros, es bien sabido que, desde hace años, el ilustre catedrático Francisco Rodríguez Adrados desarrolla una especie de quijotesca cruzada en favor del latín y de las humanidades en general. Los resultados hasta el momento han sido muy magros: el latín y el griego son ya materias absolutamente residuales en el sistema educativo español, pese a que últimamente ha vuelto a ser posible elegir latín en 4.º de la ESO. Y, a mi modo de ver, existe aquí una cuestión de fondo, propiamente filosófica, que no se aborda: la de cuánto latín hay que saber, y, sobre todo, por qué y para qué. Preguntas esenciales, por cierto: porque, si no, podemos terminar cayendo en lo que sucede hoy: en que a los pocos alumnos que todavía estudian latín se les mete en dos cursos, a marchas forzadas, un empacho tremebundo de sintaxis latina para que, en la Selectividad, puedan hacer como que saben traducir realmente un fragmento de un autor clásico; pero luego, cuando algunos de ellos llegan a 1.º de Filología Clásica, ¡los profesores tienen que empezar por explicar las declinaciones! Esto me lo comentaba hace unos días Araceli, la profesora de latín de mi instituto: los estudiantes que se matriculan en Clásicas llegan sabiendo tan poco latín, que la Facultad se ven obligadas a montar una especie de “curso cero”, como, por otra parte, muchas Facultades de Ciencias se ven obligadas a hacer hoy también, en el primer curso, con las Matemáticas.
¿Por qué sucede esto? Pues muy sencillo: porque el sistema educativo, reflejando una previa barbarie espiritual presente en la sociedad (¿para qué vivimos? Por toda respuesta, un embarazoso silencio nos golpea…), no sabe realmente para qué enseña el latín, qué finalidad precisa persigue incluyéndolo en sus estudios: con lo cual, desorientada respeto al télos, a la finalidad última, también se hace un lío respecto al cuánto, al cuándo y al cómo. De modo que termina en lo que antes apuntábamos: en un atiborramiento de sintaxis durante dos cursos con vistas a amaestrar a los alumnos para que parezca que saben traducir en Selectividad, pero sin que se haya sabido incorporar orgánicamente la lengua latina a la formación general del alumno, dentro de una visión panorámica de la cultura, del mundo y de la vida que hoy, embrutecidos y barbarizados como estamos, simplemente ya no existe.
A este respecto, me permito desde aquí proponer una modesta idea: que se considere como parte esencial de la enseñanza del latín el dominio de la etimología y de ese acervo de frases que, conteniendo, en apretada cifra, una enjudiosa idea, pertenecen desde hace siglos al más noble acervo de la cultura occidental. Si se hiciera así, un alumno que sale del instituto conocería sin dificultad frases que algunos tal vez recuerden de sus años de instituto o de universidad, como:
-Ducunt volentem fata, nolentem trahunt (el destino conduce al que lo acepta, pero arrastra al que se resiste a él: ahí está lo esencial de la filosofía estoica).
-Nihil est in intellectu quod prius non fuerit in sensu (nada hay en el intelecto que previamente no haya entrado por los sentidos: he aquí una idea básica de la filosofía de Aristóteles, que se opone en este punto a su maestro Platón).
-Frustra fit per plura quod fieri potest per pauciora (en vano se hace mediante muchas cosas lo que se puede hacer utilizando menos: ahí tenemos el célebre principio de economía, la “navaja de Occam”).
-Quod natura non dat, Salmantica non docet (lo que no se tiene por naturaleza ni siquiera Salamanca lo puede enseñar: no se pueden pedir peras al olmo, o sea, cada mollera tiene sus limitaciones).
-Da mihi animas, caetera tolle (dame las almas, llévate lo demás: lema tradicional de los salesianos).
Etcétera, etcétera: existen excelentes libros que atesoran cientos y cientos de tales frases, y que serían una auténtica mina en manos de un buen profesor. Y en cuanto a lo que decía de la etimología y del léxico, sólo un ejemplo entre miles posibles: del latín grex, gregis (“rebaño”) salen en castellano “gregario”, “congregar”, “congregación”, “egregio”, “disgregar”, “agregar” y, por supuesto, “grey”. ¿Cuántas de estas palabras está en condiciones de comprender realmente y utilizar con propiedad un alumno español que llega hoy a la Universidad? Mejor nos ahorramos la respuesta: sé por experiencia que, hoy en día, es casi imposible que, en una redacción, un estudiante use, por ejemplo, el término “congregar” o “congregarse” (“Una multitud se congregó en los alrededores del palacio”). Sencillamente, es que esa palabra se encuentra a años luz de sus posibilidades lingüísticas actuales. Entre otras cosas, porque el sistema educativo no está diseñado para que al menos los alumnos que estudian Latín, y tampoco —desde luego— los de Lengua Española, terminen dominando el campo léxico que se mueve en torno a grex, gregis y a tantas y tantas otras palabras. Si esto no es barbarie y signo de una inminente hecatombe, que venga Dios y lo vea.
Sin embargo, aún existen razones para la esperanza: a buen seguro, una de ellas es la veneración que los finlandeses profesan al latín, y con la que seguro que simpatizamos todos los que nos rebelamos contra la vulgaridad que hoy campa por doquier. Aprendamos, pues, de los finlandeses. No sigamos siendo tan cafres y burros como nos estamos volviendo. Hagamos algo más que pastar y rebuznar. Por ejemplo, volvamos a recitar con unción los casos latinos: nominativo, acusativo, genitivo, dativo, ablativo. Volvamos a la escuela, como pedía hace años Julián Marías. Hagamos examen de conciencia y volvamos al latín. Porque, como nos recuerdan los finlandeses, el latín es nada más y nada menos que la “lengua eterna”.
 

sábado, 23 de enero de 2010

EXERCITATIO LINGUAE LATINA

Gracias a Santi que en alguna ocasión me ha comentado que el sueño de Luis Vives era que los niños aprendiesen latín y griego, se me ha ocurrido buscar información ya que estoy convencida de que ese sueño algún día se hará realidad, bueno de hecho ya se está haciendo ...... Él escribió para ello unos diálogos de escenas de la vida de entonces, que lógicamente no tienen mucho que ver con nuestro día a día, pero tal vez se puedan utilizar de alguna manera.
Estoy leyendo los diálogos a ver si se me ocurre de que modo aprovechar este material ya que fue pensado para enseñar a los niños (siento especial simpatía por todos los que piensan en los más pequeños) y esto no es algo que haya sido habitual a lo largo de la historia. Están escritos en latín y con la traducción en castellano.
He encontrado el libro en la Biblioteca valenciana digital: "Exercitatio linguae latina".
Enero 2010"Iniciar a los niños en la conversación latina no es tan difícil como a primera vista parece. El abate Caillon da fe que en la escuela Montessori de Rennes han logrado hacer hablar latín con cierta soltura a muchachos de seis a siete años dedicando tan sólo a dicha lengua unos minutos diarios.( Pierre Caillon. "Latin à six ans", Rennes, 1956)
Este hecho, aunque extraño, no es insólito. Montaigne cuenta en sus Ensayos que él mismo aprendió así el latín, por un procedimiento similar al método Berlitz de nuestros días. Su padre le encomendó a un maestro alemán, que no sabía francés, con la orden terminante de no hablar al niño sino en latín. Aún fue más allá su padre. Exigió que nadie, ni su madre, ni la camarera, ni los criados hablaran al niño más que en latín. Montaigne asegura que el artificio paterno dio resultado. Todos ponían interés en aprender palabras y frases latinas, llegando a hablarlo con relativa naturalidad, tanto que al fin el latín desbordó fuera del castillo, hasta los pueblos vecinos, donde llegó a arraigar y donde aún hoy - dice Montaigne- se usan vocablos latinos de artesanía y de utensilios"


(Aquí podéis leer el artículo completo de J. JIMÉNEZ DELGADO "El latín y su didáctica" que se puede descargar en este link.)

martes, 19 de enero de 2010


Demasiados hermanos nuestros lloran en Haití, no se me ocurre nada más que acompañarles en su llanto, orar por ellos y compartir todo lo que podamos....el milagro se va a producir pero no sin nosotros...

sábado, 16 de enero de 2010

EL QUIJOTE

Cuadros D.Q IILa lectura en voz alta es uno de los pilares de la educación clásica y desde luego uno de los pilares de la educación en casa, según nosotros la enfocamos. Hay libros que llamamos clásicos, porque entre otras cosas han traspasado el tiempo y por diferentes razones son considerados dignos de nuestro respeto e interés. Contemplamos algunos libros más meritorios de estudio que otros, por la profundidad y claridad con las que ellos expresan las ideas que ellos contienen. El estudio de los grandes libros ha sido la columna vertebral de la buena educación por siglos, así si vemos los libros leídos por los grandes intelectuales de nuestra cultura, hay libros que aparecen una y otra vez.
En casa siempre hemos leído a demanda de los niños y de hecho lo seguimos haciendo....¡¡¡¡¡la de horas que hemos pasado con Tintín (que no me gusta mucho)!!!!! o leyendo una y mil veces los cuentos que a ellos les entusiasman (versiones de Walt Disney incluidas), pero....desde pequeñitos he ido introduciendo, entre lectura y lectura, algunas que ellos no podrían leer hasta dentro de muchos años y que tal vez nunca eligiesen. Escuchar por ejemplo "El Quijote", por supuesto en edición original, es algo que puede hacer perfectamente un niño de 5, 6, 8 años (comprendiendo), si es durante un breve espacio de tiempo y sin obligaciones a posteriori, es decir de manera gratuita. "Leer, leer, y confiar en los ojos que se abren, en las caras que se alegran, en la pregunta que nacerá, y que arrastrará otra pregunta."
Me encanta el libro de Pennac titulado "Como una novela", donde cuenta la experiencia de un profesor de secundaria que se pone a leer en voz alta a sus alumnos adolescentes....y como logra enganchar a casi todos con la lectura. ..."La Fontaine, Moliere...En una hora, perdieron su estatuto de divinidades escolares para hacérsenos íntimos y misteriosos...es decir, indispensables."
¡¡¡Cuánto más aprovechadas habrían sido tantas clases de mi vida...si un profesor se hubiese puesto a leer...cualquier cosa...¿La Odisea? ¿El Quijote? ¿La Regenta? !!! Cuántas joyas siguen en los estantes de mi biblioteca acumulando mucho polvo...Libros prohibidos para niños, al menos para leérselos, pues nunca olvidaré el trauma que me supuso la obligatoriedad de leer y resumir "Los hermanos Karamazof" del bueno de Dostoievski, con 12 años, tardé muchos en reencontrarme con la literatura rusa y fue poco más o menos que un milagro.
El Quijote no es una lectura que me pidan (por eso es preciso ser constante y tenerlo bien a la vista), pero cuando leo están atentos e incluso frecuentemente se ríen con las desventuras y aventuras de nuestro hidalgo. Retomamos pues la lectura de este clásico que hemos tenido unos meses abandonado...en fin... a ver si esta vez es la definitiva...

lunes, 11 de enero de 2010

LA DESGRACIA DE NO SABER LATÍN Y GRIEGO





Artículo de Alfonso López Quintás, catedrático emérito de la universidad Complutense de Madrid. Miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas y Presidente de la Escuela de Pensamiento y Creatividad.


viernes, 8 de enero de 2010

Alfabeto griego I

MG2008alfabeto griegoCon el griego, obviamente, lo primero que tenemos que hacer es aprender el alfa-beto, luego el sonido de cada letra y si el niño sabe leer lo hará sin dificultad pues se lee como el castellano, de izquierda a derecha aunque......conviene decidirse antes, por una u otra pronunciación pues hay varias.
Hay mucha información al respecto en internet, aquí tenéis artículos que hablan de la pronunciación erasmiana, que es la más frecuente en la mayoría de los ambientes universitarios, aunque parece ser, no la más correcta. No obstante los que pretendemos enseñar o aprender junto a nuestros niños griego, muchas veces nos tendremos que contentar con el material disponible, que es muy poco (en castellano) por no decir que no hay nada especifico para los niños pequeños o que se pueda adaptar a ellos como por ejemplo, alguna novela como la de Lingua Latina. Necesitaremos algún audio y si solo está disponible en esta pronunciación ¿qué otra cosa podemos hacer?
Es también necesario decidirse antes para que griego queremos aprender: si el griego clásico o la Κοινή que es el griego del Nuevo Testamento y está por tanto mucho más cercano en el tiempo y nos resultará más sencillo leer en versión original el N.T. que a los grandes clásicos, pero eso ya es cuestión de cada uno.
No obstante, en aprender el nombre de las letras y su trazado se nos puede ir un buen tiempo....


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A mis hijos, el griego les llamó mucho la atención desde el primer momento ¡¡¡¡las letras son preciosas!!! Las escriben, las puntean, las modelan con plastilina (se utiliza para niños con dislexia, pero es un método excelente para cualquier crío) y también se pueden modelar palabras enteras e incluso probar a ver cuantas palabras somos capaces de formar con una serie de letras (de momento eso solo lo hacemos con el castellano, pero es muy divertido)
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Por supuesto que se pueden modelar con masa de sal, arcilla o incluso con masa de pan... que luego se puede hornear y comer. Uhmmmm!!!!

martes, 5 de enero de 2010

Actividades lecto escritura latín V

Nota: Todas estas fichas que estoy colgando, me gustaría hacerlas con el ordenador, de una manera más profesional y que de paso me sirviese para los "que vienen detrás" y para compartirlas en internet, pero hoy por hoy lo único que puedo es improvisar sobre la marcha...
...limitaciones de la educación en familia y con tanto chiquillo.... no todo iba a ser bueno, je,je...
Por lo que solo pretenden ser una muestra del trabajo de los peques.

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lunes, 4 de enero de 2010

Actividades lecto escritura latín IV

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Sopa de letras con vocabulario.